jueves, 8 de enero de 2009

Des - Hora Peruana

¿Qué le pasa a la gente con convertir una hora determinada en plastilina y re crearla con minutos de atraso? ¿Qué les pasa cuando quedan a una hora en punto y llegan 10, 20, 30, 40 o incluso más minutos tarde?


Éste será mi lado obsesivo compulsivo o lo que quieran, pero creo no ser la única persona que se altera por estas situaciones. En esta ciudad, y en este país en general, las personas están (¿estamos? Sí, mea culpa, también a veces) acostumbradas a hacer pedacitos las horas y la puntualidad.

¿Qué es exactamente eso que no deja que lleguemos a tiempo? Tal vez por un lado, que es muy fácil ser los reyes de las excusas y que las situaciones inusuales que ya no son tan sorprendentes en este país o ciudad apoyan nuestras excusas trilladas. “El tráfico estuvo asqueroso”; “la combi avanzaba lentísimo; alguien en mi edificio decidió cerrar la llave general de agua para hacer mantenimiento y no me avisó, ergo, no podía bañarme” (hey! esas cosas pasan); “mi impresora se malogró y tuve que arreglarla a golpes hasta que funcionó”; “no pasaban taxis, ¡lo juro!”; ”me chocaron”, “nos paró un policía”, “cerraron las calles por el APEC/ ALC – UE”, “se rompió mi scooter/bicicleta/patines/skate/sandalia/zapatilla/balerina/taco de mi bota” y mi lista podría seguir infinitamente.


Otra cosa que no deja que lleguemos a tiempo, creo que es lo acostumbradas que estamos las personas a que usualmente no suceda nada si lo hacemos. Que nos acostumbremos a que los otros toleren casi como si fuera parte ya de lo normal y adaptado llegar tarde.


Sin embargo, cuando lo hacemos – llegar tarde – no tomamos en cuenta qué tanto esfuerzo pudo poner la otra persona para sí estar a tiempo. No tomamos en cuenta qué tan importante puede ser encontrarse a esa hora precisa y no a otra. No nos ponemos a pensar si tiene muchas cosas que hacer más tarde. Por último, ni siquiera pensamos en qué hará esperando mientras nosotros nos dignemos a llegar. Es una oda a la desconsideración esto de ser impuntuales. Totalmente.


Personalmente, detesto cuando alguien me hace esperar. Detesto cuando me citan en algún lugar a determinada hora e incluso con imprevistos y todo logro mover cielo, mar y tierra para estar a tiempo, y el susodicho evento demora en empezar. Creo que es una de las pocas cosas que realmente pueden lograr molestarme. Y de eso hay testimonios de amigos míos que en algunas oportunidades han conocido un poquito de mi dark side al alterarme por impuntualidades.


Pero curiosamente, me molesto aún más; me estreso aún más; y sale un lado aún más oscuro cuando soy yo la que está llegando tarde. Si se debe a la culpa de alguien más, no hay técnica de relajación ni de engreimiento que sirva, cara de puñete total y ya ni siquiera intentos de quejarme por miedo a decir más de lo necesario. Si se debe a mí, no hay excusa que valga, la mayoría de veces todo puede reducirse a que se me hizo tarde; a que dormí minutos de más, o a que no planifiqué bien algunas cosas. Qué pesadilla eso de convertirte en aquello que más detestas. Ser la impuntual en el mismo mundo y dimensión en los que defiendes la puntualidad al máximo. Qué disgusto aceptar esa mini incongruencia momentánea. Aunque a veces lo que más odiamos de otros, es lo que más tenemos arraigado en nosotros, dicen…

0 comentarios: