martes, 21 de diciembre de 2010
viernes, 17 de diciembre de 2010
Un insight
Cuando tenía 15 años tenía un futuro soñado y planificado… y se podría decir que estaba convencida de que sería tal como lo imaginaba. Me veía dentro de 5 años graduándome y frente a una computadora, escribiendo para una revista conocida desde ese entonces, que se dedica a publicar artículos muy “random”. Sí… cuando tenía 15 años quería ser periodista. Más que una periodista de las que salen en la tele o narran noticias, una periodista que se dedicaba a escribir, algo más como una periodista/escritora. De hecho, eso debía existir o ser una categoría, según yo. Y francamente ahora creo que si no calificaba como categoría, tampoco me importaba mucho.
En fin, el punto es que según este plan que tenía en mente, a estas alturas debería estar probándome ese sombrero que se usa en las graduaciones y que todo el mundo tira al aire en algún momento de la ceremonia –creo que hacia el final-. Probablemente, debería estar escribiendo un artículo para la revista en la que pensaba trabajaría, en vez de estar escribiendo este. Y, sabe Dios cómo sería mi vida y cómo sería yo misma de haber seguido por ese camino.
Hace unos días me puse a pensar en esto porque siguiendo con el curso de mi vida, y lo que me toca vivir en este momento en específico, me di con la sorpresa de que muchas de las cosas que uno cree que serán, o que parecen planificadas o dadas por hecho previamente no siempre resultan como uno las asumía. Y tal vez al comienzo, cuando uno recién se enfrenta con esta nota de realidad, asusta. Y tal vez asusta porque se estaría perdiendo el mínimo control que se puede tener ad portas de algo desconocido. Tal vez. No sé.
Sí, de hecho sentí que se me movía un poco el piso. Pero creo que muchas de las cosas a las que me dedico, o que hago me han entrenado para ese tipo de “piensa rápido” – moments. Y después de darle un par de vueltas al hecho de que algo que había querido por algún tiempo, o lo que consideraba como “lo más exitoso” o “lo mejor”, no iba a poder darse ni ser posible; empiezo a creer que, de hecho, es algo bueno que se esté dando de esta manera. Más allá de la mala noticia y pasada la decepción y sí, también la cólera, creo que a veces es bueno que se nos cierren posibilidades con las que nosotros mismos nos estábamos cerrando. Creo que más allá de un ejercicio para aprender a tolerar la frustración y soltar un poco el control, es un buen ejercicio para tener visiones más amplias, abiertas, de nuestras experiencias y nuestras posibilidades.
¿De dónde viene lo que consideramos exitoso o bueno? ¿Solamente de lo que alguien más nos dice? ¿O también de lo que sabemos, vivimos y sentimos que nos hace felices, que nos hace plenos y nos realiza?
Mi situación aún no se define, estoy en stand – by. Me imagino que una vez que se defina y la empiece a vivir podré hablar sobre ella, y cómo se esté dando, y cómo la esté pasando yo. Pero hasta ese momento, me quedo con lo de aquí y ahora, la lección y la vivencia de que cuando se cierren puertas, entradas, salidas, lo que sea no siempre es tan malo; te hace mirar obligatoriamente hacia otros lados, y te puede hacer ganar algo de lo que te estabas perdiendo.
¡Uy, verdad! ¡Canción! No recuerdo ninguna con letra parecida o qué sé yo. Así que pondré la que he escuchado mientras escribía esto. Es bien bonita :) Creo que inspira :)
