jueves, 22 de enero de 2009

De memorias y recuerdos

Conservación de los recuerdos
Los famas para conservar sus recuerdos proceden a embalsamarlos en la siguiente forma: Luego de fijado el recuerdo con pelos y señales, lo envuelven de pies a cabeza en una sábana negra y lo colocan parado contra la pared de la sala, con un cartelito que dice: «Excursión a Quilmes», o: «Frank Sinatra».
Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: «No vayas a lastimarte», y también: «Cuidado con los escalones.» Es por eso que las casas de los famas son ordenadas y silenciosas, mientras en las de los cronopios hay una gran bulla y puertas que golpean. Los vecinos se quejan siempre de los cronopios, y los famas mueven la cabeza comprensivamente y van a ver si las etiquetas están todas en su sitio.
Historias de Cronopios y de Famas - Julio Cortázar

Amo este fragmento. Y muchos otros de Cortázar también. Pero hoy me quedo con este precisamente porque en estos días he andado dándole vueltas al tema de los recuerdos. Inevitablemente, todas las personas tenemos recuerdos. Algunos más que otros. Algunos tenemos mayor capacidad de evocarlos, otros menos. Uno de los puntos es, ¿cómo los manejamos? ¿Cómo convivimos con ellos?

¿Quiénes vivirán mejor: los famas o los cronopios? En cuanto a los recuerdos, claro... ¿Vivirá alguno mejor que el otro realmente? ¿O simplemente son formas de convivir con los recuerdos? Creo que todos somos, por momentos famas y por momentos cronopios. Creo que muchas veces envolvemos determinadas experiencias en una tela negra y la etiquetamos con algún nombre para archivarla en nuestra memoria y punto. Me gustan las cosas ordenadas, y en ese sentido, admiro a los famas. Pero por otro lado, me pregunto: si está tan perfectamente archivado, ¿no correrá el riesgo de empolvarse y perderse entre la multitud de recuerdos para llegar a ser difícilmente rescatado después? ¿Y si después de todo, es un buen recuerdo? Es cierto que necesitamos espacio disponible para prestarle atención a las experiencias del momento, que eventualmente, de ser lo suficientemente significativas se convertirán en recuerdos bien almacenados, pero, ¿no será que precisamente cubrimos en telas negras, archivamos y guardamos aquellos que de repente no queremos pensar más?

Creo también que muchas veces podemos estar como los cronopios, conviviendo día a día con nuestros recuerdos. Puede ser que ellos aparezcan de la nada contra nuestra voluntad; o puede ser que los evoquemos voluntariamente. En este último caso, creo que siempre es bueno tener presente que está bien recordar algunas cosas, que puede servirnos en determinadas experiencias del momento, pero no sé hasta qué punto podamos disfrutar plenamente del ahora si en nuestra mente ocupa la mayor parte del espacio el pasado.

En general, creo que en nuestras vidas siempre se dará que determinadas situaciones estén más presentes en nuestra memoria durante algunas épocas. Es más fácil recordar navidades pasadas cuando llega Diciembre; es más fácil recordar a determinadas personas cuando están lejos o ya no están; es más fácil recordar eventos de veranos pasados una vez que llega el verano de nuevo y volvemos a ir a la playa o cosas por el estilo. Pero en general creo que el mérito de los cronopios, por más que parezcan desordenados y tibios es poder convivir libre y tranquilamente con sus recuerdos, e incluso cuidarlos. Es un mérito porque esa convivencia implica aceptación. Eventualmente, van adaptando sus vidas a las situaciones que van experimentando y que van almacenando como recuerdos.

Tal vez para que determinados recuerdos no nos perturben tanto debemos llegar a aceptarlos y convivir amablemente con ellos. Y si vienen a invadir el espacio de nuestra mente, darles cabida también, que paseen por ahí y nos entretengan un momento, pero no rechazarlos si lo que necesitan es pasear por ahí para que nos acostumbremos a ellos y eventualmente, conociéndolos "con pelos y señales" los archivemos habiéndolos procesado lo suficiente para vivir tranquilos aprendiendo de ellos, disfrutando de ellos también y siguiendo adelante.

Como siempre: Canción para la emoción. Escúchenla bien. :)



domingo, 18 de enero de 2009

Wish upon a "basurita espacial"

Mi profesora de Cosmología nos dijo hace un poco más de un año cuando llevé esa clase, que las estrellas fugaces son nada más y nada menos que "basurita espacial". Así que si hoy viera un poco de esa basurita sideral, tendría un par de deseos para ella.

Wishes upon basurita espacial:

☺ una funda churra para laptop
☺ un Frappuccino de frambuesa
☺ aprender a tocar guitarra
☺ unas vacaciones en un lugar sin señal
☺ desempolvar mi bicicleta
☺ un McDreamy para llevar :)
☺ volar como Peter Pan
☺ un gran abrazo
☺ más centímetros en la capa de ozono
☺ que no tiren globos en Febrero
☺ backstage passes para el concierto de los Backstreet Boys! - y que ya sea ese día!-
☺ cantar y bailar bajo la lluvia
☺ que empiece la nueva temporada de Pushing Daisies
☺ recuperar a un amigo

martes, 13 de enero de 2009

It's raining again

Hoy llovió en Lima. Lo sé, es un día de verano, pero llovió en Lima. Y debo confesar que nada me hizo más feliz que regresar a casa caminando entre gotones que me refrescaban la cara, los brazos. No podía creer que en pleno día de enero garuaba.


¿No les encanta los días de lluvia en verano? Un día de aire fresco y agüita refrescante [por favor, no tomen esto como la mayor licencia para mojarme en carnavales...odio febrero] en medio de días achicharrantes y con sol abrasador. ¿No les encanta un día con solcito cálido y hartos rayos de luz en invierno? Un día tibio y alegre en medio de tantos días oscuros y llenos de neblina.


Una amiga mía se rió de cómo, según ella, me gustaban las contradicciones. Y tal vez más que las contradicciones, diría yo, me gustan las sorpresas y lo agradablemente inesperado, como ya creo haberlo mencionado antes de otras maneras aquí. Me quedé pensando un poco más en esto, y me di cuenta cómo puedo llegar realmente a disfrutar los cambios inesperados en la rutina. Sin embargo, no lo disfruto tanto cuando estos cambios y giros inesperados se convierten en la rutina en sí.


¿Estoy hablando en chino? Probablemente esa última frase sólo logré entenderla yo, porque desde mi punto de vista explica lo que trato de decir. A lo que voy es que es divertido y refrescante cuando surgen cosas inesperadas y diferentes dentro de un marco de un continuo de eventos a los que estoy acostumbrada, dentro de mi rutina; pero no me gusta sentirme desorientada por un continuo que se convierte en inesperado y sin patrón alguno.


No siempre es así, en los viajes amo no saber con exactitud qué haré al día siguiente y a dónde iré o dejaré de ir. Amo planear cosas distintas para cada día en vacaciones. Pero tal vez en estos momentos el disgusto por una serie de eventos desorientadores se exagera más porque he venido experimentando el síndrome de "este-día-no-existe" un par de veces en el último mes.


Desde hace como 3 semanas, ha habido en cada una de ellas una fecha que desoriente un poco mi reloj biológico rutinario. Primero fue la Navidad, cambiar la rutina los días antes organizando todo, comprando los regalos, decorando, etc. el mismo día que no parecía un miércoles como cualquier otro, y los días siguientes que parecían cualquier cosa menos un día inventado y reconocido como lunes, martes, miércoles, jueves, feriado o cualquiera. Detesté tanto esa sensación de creer estar en un día no-existente. Cuando creía que mi reloj propio se estaba recuperando, llegó año nuevo y fue la misma historia. Tras una semana completa de aclimatación al nuevo año, vino mi cumple, aunque bueno, mi cumple no me desorientó tanto como otras fechas, tal vez en parte porque cayó viernes (día idóneo para celebrar), y porque no es feriado nacional :D.


Ahora por fin podré empezar a amar y aclimatarme 100% nuevamente a la "rutina", que tampoco espero que sea exactamente la misma todos los días. Pero creo que se entendió la idea de querer buscar un marco (saber qué día de la semana es, parece ser un marco suficiente!) para sentirme segura dentro de un continuo conocido, y poder planear hartas cositas dentro de él.


No sé a qué vino todo esto. Ah sí. Dentro de todo, sólo quería decir que de todas maneras amé la lluvia de hoy, y sí fue una sorpresa agradable en medio de los días veraniegos. De esas sorpresas/detallitos que por más que no "vayan" con la rutina o el patrón de "día de verano" me alegran el día.


Los dejo con una canción clásica y divertida y que va cómo jugando con el día de hoy. :)



jueves, 8 de enero de 2009

Des - Hora Peruana

¿Qué le pasa a la gente con convertir una hora determinada en plastilina y re crearla con minutos de atraso? ¿Qué les pasa cuando quedan a una hora en punto y llegan 10, 20, 30, 40 o incluso más minutos tarde?


Éste será mi lado obsesivo compulsivo o lo que quieran, pero creo no ser la única persona que se altera por estas situaciones. En esta ciudad, y en este país en general, las personas están (¿estamos? Sí, mea culpa, también a veces) acostumbradas a hacer pedacitos las horas y la puntualidad.

¿Qué es exactamente eso que no deja que lleguemos a tiempo? Tal vez por un lado, que es muy fácil ser los reyes de las excusas y que las situaciones inusuales que ya no son tan sorprendentes en este país o ciudad apoyan nuestras excusas trilladas. “El tráfico estuvo asqueroso”; “la combi avanzaba lentísimo; alguien en mi edificio decidió cerrar la llave general de agua para hacer mantenimiento y no me avisó, ergo, no podía bañarme” (hey! esas cosas pasan); “mi impresora se malogró y tuve que arreglarla a golpes hasta que funcionó”; “no pasaban taxis, ¡lo juro!”; ”me chocaron”, “nos paró un policía”, “cerraron las calles por el APEC/ ALC – UE”, “se rompió mi scooter/bicicleta/patines/skate/sandalia/zapatilla/balerina/taco de mi bota” y mi lista podría seguir infinitamente.


Otra cosa que no deja que lleguemos a tiempo, creo que es lo acostumbradas que estamos las personas a que usualmente no suceda nada si lo hacemos. Que nos acostumbremos a que los otros toleren casi como si fuera parte ya de lo normal y adaptado llegar tarde.


Sin embargo, cuando lo hacemos – llegar tarde – no tomamos en cuenta qué tanto esfuerzo pudo poner la otra persona para sí estar a tiempo. No tomamos en cuenta qué tan importante puede ser encontrarse a esa hora precisa y no a otra. No nos ponemos a pensar si tiene muchas cosas que hacer más tarde. Por último, ni siquiera pensamos en qué hará esperando mientras nosotros nos dignemos a llegar. Es una oda a la desconsideración esto de ser impuntuales. Totalmente.


Personalmente, detesto cuando alguien me hace esperar. Detesto cuando me citan en algún lugar a determinada hora e incluso con imprevistos y todo logro mover cielo, mar y tierra para estar a tiempo, y el susodicho evento demora en empezar. Creo que es una de las pocas cosas que realmente pueden lograr molestarme. Y de eso hay testimonios de amigos míos que en algunas oportunidades han conocido un poquito de mi dark side al alterarme por impuntualidades.


Pero curiosamente, me molesto aún más; me estreso aún más; y sale un lado aún más oscuro cuando soy yo la que está llegando tarde. Si se debe a la culpa de alguien más, no hay técnica de relajación ni de engreimiento que sirva, cara de puñete total y ya ni siquiera intentos de quejarme por miedo a decir más de lo necesario. Si se debe a mí, no hay excusa que valga, la mayoría de veces todo puede reducirse a que se me hizo tarde; a que dormí minutos de más, o a que no planifiqué bien algunas cosas. Qué pesadilla eso de convertirte en aquello que más detestas. Ser la impuntual en el mismo mundo y dimensión en los que defiendes la puntualidad al máximo. Qué disgusto aceptar esa mini incongruencia momentánea. Aunque a veces lo que más odiamos de otros, es lo que más tenemos arraigado en nosotros, dicen…