Una de las señales que me doy inconscientemente a mí misma de que estoy saliendo adelante de cualquier estado de ánimo bajoneado; que efectivamente estoy más cerca del bienestar relativamente generalizado que del hoyo; o que simplemente estoy muy de buenas, es (re)ordenar mi estante/cómoda/closet/velador o tal vez incluso, mi cuarto entero.
No sé por qué realmente. Creo que hay un gusto y una satisfacción en poder repasar y revisar serenamente lo que ha sido mi vida por un determinado tiempo hasta el momento en que me detengo un día y desempolvo papeles, cosas, recuerdos para tratar de ser objetiva y ver realmente qué no me servirá más, qué puedo reciclar, qué sería mejor romper y botar, y qué vale la pena conservar intacto.
En psicología nos enseñan que cada vez que alguien trae a la conciencia un recuerdo, éste se modifica dependiendo de cómo lo estemos recordando y qué sentimientos nos evoque o genere, es decir, con qué ánimo. Un recuerdo que inicialmente fue triste, puede convertirse en algo alegre si lo recordamos riéndonos de lo que pasó. Así es como algunos de esos roches fatales que en algún momento pueden haber hecho inclusive llorar a alguien, posteriormente pueden hacer que la misma persona se ría sinceramente sin parar por las tonterías que hizo de más joven.
Por eso, cada vez que ordeno mi cuarto y encuentro boletas, entradas, papeles, lecturas, notitas en clase, flyers, periódicos de la universidad acumulados y demás cachibaches, desempolvo recuerdos también de mi memoria.Van pasando cada uno, poco a poco, a mi conciencia. Y al recordarlos y verlos ya con otros ojos, verlos un poco más distante me generan nuevas posturas o sentimientos, y naturalmente evocan algunos otros también.
Hace un par de días decidí (re)ordenar mi estante. Pero me entró la locura mal. Fue una reorganización total. Decidí cambiar por completo la configuración de las cosas, crear nuevos criterios para el orden. Entonces, saqué absolutamente todo lo que estaba en él y lo puse todo sobre mi cama y hasta en el piso porque no entraba todo en mi cama. Boté 3 bolsas enteras de basura con papeles y cosas. Reordené muchas otras, y cambié todo. El punto de esto es todo lo que encontré en mi limpieza: etiquetas de ropa comprada desde el año pasado (2007) incluso, miles de Punto Edu, mis dibujos de Neurociencias pintaditos y todo, lecturas de la U, examenes, papeleo bárbaro, fotos de cuando estaba en el Colegio, separatas de cuando estaba en el colegio, curitas porque aparentemente el verano pasado decidí usar sandalias mortales y tenía que usar curitas para protegerme, papeles con mails de personas, boletas de cortes de pelo, manicures, y cosas por el estilo, hojas sueltas con datos que apuntaba de direcciones, de 'llamar a tal persona', una que otra lista de to do's, recetas médicas, he podido crear una mini farmacia con las sobras de pastillas que nunca terminé de tomar por resfríos, infecciones, gripes, etc etc., ojeé libros nuevamente mientras los bajaba del estante. Y después de todo lo que encontré, los recuerdos que traje a mi conciencia y los sentimientos que evocaron, pude concluir que este ha sido oficialmente un buen año =).
Este año se ha pasado rapidísimo, demasiado rápido diría yo. Ahora que todo está soleado de nuevo y hace calor, siento que fue la semana pasada que estuve con mis claras en la playa, o que aún es verano del 2008. Realmente, este año ha tenido de todo. Experiencias, preocupaciones, decisiones y conclusiones inéditas. Empezar con la carrera y darme cuenta que es para lo que estoy hecha; sentir que crezco al darme cuenta en las cosas que me involucro; darme cuenta que sí, algunas cosas se complican más de lo que solían, pero vamos, las personas también nos vamos complicando mientras crecemos; ver lo bien que resultaron esfuerzos y trabajo en tantas áreas. Encontré verdaderas hermanas en mis claires, con todo y nuestras cositas por mejorar, siento que somos hermanas totales y que estamos en la lucha. Conocer nuevas personas y encontrar nuevos amigos. Y bueno, ver también que en algunos casos, you can't win them all y que las cosas no siempre resultan de la manera en que uno las planeó o en la manera en que uno las desea, pero que incluso en casos así uno aprende lecciones valiosas. Y no digo lecciones que nos lleven a encontrar una fórmula mágica a usarse en ocasiones futuras, sino lecciones que nos hagan reflexionar sobre quiénes sómos, sobre cómo funciona este mundo, esta vida, nosotros mismos.
Al final del día, hago un recuento y un balance y me doy cuenta que vale la pena sacar lo mejor y lo más útil de las cosas que uno vive. De las mejores y de las peores. De las que más alegres nos pusieron, de las que más nos molestaron, de las que más nos entristecieron. Nuevamente, como se dice en psicología, no hay emociones buenas ni malas, porque a fin de cuentas, todas nos sirven para adaptarnos a la realidad a la que nos enfrentamos. Y si, todas nuestras experiencias, si sabemos sacarles el jugo y aprovecharlas nos sirven para crecer y para ser mejores personas. Qué rico darse cuenta que fue un año bien vivido, bien aprovechado. Ahora toca empezar uno nuevo, pero que sea bien vivido desde el minuto 1! Los dejo con una canción genial, será un himno femenino o lo que quieran, pero sí que es precisa!
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